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Percepción de inseguridad: Determinantes y narrativas

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Resumen del informe final: 
Los factores que explican la alta percepción de inseguridad son poco conocidos. El objetivo del estudio busca cubrir este vacío tomando cuatro teorías centrales (victimización, vulnerabilidad, desorden social y desorganización social) con una estrategia metodológica mixta. Los objetivos son (1) identificar causas individuales y contextuales, (2) diferenciar percepción de inseguridad aditiva de sinérgica, (3) comprender la narrativa de inseguridad (agenda setting) por sexo y nivel socioeconómico, y (4) identificar trayectos de noticias con un enfoque transmedial. Los resultados muestran que la victimización está asociada a una mayor percepción de inseguridad pero bajo un efecto de violencia y jerarquía. Las mujeres sienten menos inseguridad y el contexto físico así como las  variables no ligadas a lo delictivo (ansiedad desplazada) tienen un rol importante. Los hábitos de consumo informativo (televisión y medios digitales) impactan sobre la percepción de noticias de inseguridad. Adicionalmente, existe una estrecha relación entre consonancia subjetiva (congruencia entre noticias y entorno) y la jerarquización de problemas en la agenda pública.
 
 
A continuación acceda a los PRODUCTOS INTERMEDIOS de este proyecto de investigación, camino a su informe final: 
Motivación
La percepción de inseguridad es un fenómeno poco investigado en el Perú donde de forma sostenida desde el año 2010, 9 de cada 10 personas consideró que sería víctima de algún delito en los próximos doce meses. Su estabilidad contrasta con la disminución de la victimización de 42% a 29% en el mismo periodo 2010-2016 (ENAPRES, 2016). Este aspecto adelanta que los factores vinculados con el desarrollo de la  percepción de inseguridad van más allá de la experiencia como víctima. La percepción de inseguridad se construye socialmente, a partir de experiencias y características de sus víctimas, de la interacción entre el individuo y su comunidad, y de la percepción de sus autoridades. De ahí que el componente de género sea importante: 4 de 10 hechos delictivos evaluados son más temidos por las mujeres que por los hombres (ENAPRES, 2016). Avanzar en un conocimiento más detallado de la percepción de inseguridad, sus dimensiones, aristas y formas de expresión y construcción se torna clave para fortalecer la vida en comunidad.
Objetivo principal, problema de investigación, hipótesis y vinculación a la política pública
Objetivo principal
Estudiar las causas individuales, ecológicas e institucionales de la percepción de inseguridad (a nivel urbano) e identificar el rol de los medios de comunicación en la formación de dicha percepción.
 
Problema de investigación
La percepción de inseguridad se construye socialmente, a partir de experiencias y características de sus víctimas, de la interacción entre el individuo y su comunidad, y de la percepción de sus autoridades. Por ende no tiene una relación directa con los niveles de victimización y además reviste múltiples dimensiones que incluyen la emocional (miedo) y la cognitiva (probabilidad de victimización) así como la sinérgica y la aditiva. Pero la percepción de inseguridad también se construye a partir de miedos desplazados desde otros campos de la vida. Eso hace que su medición pueda ser directa (preguntar por los hechos delictivos temidos) pero que también represente un concepto latente de inseguridades que se canalizan a través del temor al delito. A pesar de la multiplicidad de conceptos, un factor es común a todos: el género que será analizado en profundidad en el estudio.
 
Hipótesis
  • La percepción de inseguridad se alimenta, en forma parcialmente diferenciada por el género, de factores ligados al individuo (vulnerabilidad, capital social, etc.), pero también de otros ligados al contexto ecológico que lo rodea (desorganización social, desigualdades, etc.) y los recursos institucionales (policiales, de gestión local, etc.) que ahí se hallan para prevenir y controlar los delitos.
  • La percepción de inseguridad también es el resultado de un conjunto de miedos (ansiedades) ligados a la delincuencia pero también a la indefensión social producto de la pérdida de vínculos sociales y comunitarios significativos.
  • Los medios de comunicación a través de sus programas de corte informativo producen la relevancia y enfoque de los acontecimientos delictivos diferenciado según el género y los niveles socioeconómicos de la audiencia.
  • Los modos de producción y distribución de las noticias delictivas involucran un trayecto durante su cobertura que transita por diversidad de medios, soportes y plataformas, en donde los usuarios contribuyen con la relevancia y prolongación narrativa.
 
Vinculación a política pública
Contribuirá en cinco aspectos sobre las políticas públicas en la materia:  (1) brindará información para ampliar las políticas de prevención dirigidas a disminuir la percepción de inseguridad, (2) generará la necesidad de mayor coordinación intersectorial a fin de atender las causas (no delictivas) de la percepción de inseguridad vinculada al capital social, desorden social y el rol de las instituciones, (3) brindará información cuantitativa para un mejor diagnóstico y propuestas del siguiente Plan Nacional de Seguridad Ciudadana (vigente desde el 2019), (4) sensibilizará sobre la necesidad de incorporar el enfoque de género en las políticas de seguridad ciudadana y la necesidad de tener una política de atención a víctimas más importante y visible, y (5) contribuirá con las políticas de reducción del delito habida cuenta del traslape en las condiciones que generan tanto la percepción de inseguridad como la criminalidad.
Nota metodológica
Las estimaciones se realizaron mediante métodos multinivel. El modelo más completo a estimar consideró dos niveles (individuo y distrito):
 
 
Las características de cada individuo (Xij) están anidadas a una estructura geográfica reflejada en el sub índice j. Asimismo, existen otras características de las propias unidades geográficas (Zj) que son comunes a un grupo de individuos asentados en el mismo espacio. δ1 es el coeficiente del término de interacción de la variable individual del nivel 1 Xij y la variable contextual de nivel 2 Zj medida a nivel de distrito. En la ecuación anterior, además de la perturbación que recoge los errores del nivel 1 (eij), existe un segundo componente aleatorio que varía solo para el sub índice j (u0j). Es esta característica la que ofrece una ventaja particular de los modelos multinivel. Permiten analizar la varianza en las variables de resultado cuando los predictores varían en forma distinta en el segundo nivel. En términos prácticos, podemos expresar la parte aleatoria del modelo, obteniendo las ecuaciones (2) y (3):
 
 
En (2), β0j es el intercepto del modelo. Incluye un término de error de la estimación bajo intercepto aleatorio, el cual representa el error del nivel 2 y, por tanto, introduce la posibilidad que el intercepto varíe entre un distrito y otro. Situación similar expresa la ecuación (3). En este caso β1j es el coeficiente de la variable individual X1j más un término de error que permite la variación de la pendiente entre cada distrito.
 
 
Todas las estimaciones fueron realizadas en base a la Encuesta Nacional de Programas Estratégicos (ENAPRES), focalizada en zonas urbanas. Se apilaron los siete años de data disponible (2010-2016) para formar un pool de datos con 516,568 observaciones, lo cual es una ventaja adicional habida cuenta que las muestras amplias fortalecen la robustez los resultados de las estimaciones multinivel. Se complementó esta información con data distrital proveniente del Registro Nacional de Municipalidades, Censo de Vivienda y Población 2007 y Censo de Comisarías.
 
Resultados preliminares
Las teorías más fuertes para explicar la percepción de inseguridad son las que reposan en variables individuales. Particular atención merecen las relaciones entre la percepción de inseguridad y el hecho de ser mujer, así como las implicancias de ciertas formas de capital social altamente dependientes del costo de transacción y efectividad que implican. En lo contextual, la capacidad explicativa ha sido poco importante. Una primera explicación está en la importante cantidad y explicatividad de las variables individuales incluidas, lo que habría hecho que la variabilidad de la percepción de inseguridad entre un distrito y otro esté siendo explicada por aspectos de composición de dichas variables individuales y no por diferencias entre las características de un distrito y otro. Otra posible explicación recae en las variables elegidas para medir lo contextual. En la literatura sobre el tema, no hay una única forma de medir desorden social ni presencia de la oferta policial, lo que puede hacer que fallemos en aceptar la validez de esta teoría, en lugar de rechazarla. 
 
Entre las teorías del temor al crimen y la percepción de inseguridad, la de vulnerabilidad es la que en forma consistente muestra relaciones estadísticamente significativas. En este trabajo demostramos que mientras la edad y el estado civil (a mayor compromiso, mayor percepción de inseguridad) mantiene una relación negativa con la percepción de inseguridad, el nivel socioeconómico y el estado civil tienen la relación opuesta. Lejos de caer en la interpretación directa de estos resultados, extendemos su interpretación a partir de tres aspectos: hábitos de vida, exposición al riesgo, interseccionalidad y ansiedad desplazada.
 
La literatura que evalúa la vulnerabilidad normalmente lo ha hecho sin conectar posibles explicaciones mayores. La interacción entre edad y género sugiere no solo la existencia de estilos de vida distintos que implican la movilidad y el uso de recursos en forma diferenciada entre hombres y mujeres, en distintas clases sociales, sino la interacción diferenciada en los espacios públicos, pero también privados donde parte de la victimización también se da.
 
La mayor parte de trabajos en Criminología han confirmado que haber sido víctima de delito aumenta la percepción de inseguridad. Pocos han evaluado el efecto de la victimización indirecta y menos han diferenciados tipos de victimización. Gracias a la desagregación de la encuesta de victimización que empleamos, identificamos efectos distintos de tres formas de victimización (victimización patrimonial con arma de fuego, victimización no patrimonial y victimización indirecta), cuya lectura se basa en el grado de violencia y la jerarquía entre ellas. El historial de haber sido víctima de delitos patrimoniales con armas implica más violencia (o amenaza de violencia), pero no genera más temor que aquella victimización que se realiza contra el cuerpo. En esta escala de jerarquía, incluso la victimización indirecta tiene un efecto menor que las otras dos formas de victimización sobre la percepción de inseguridad.
 
Los resultados sobre el efecto del capital social obligan a ampliar la agenda de trabajo desde los gobiernos locales. Se halló que las medidas que exigen menos coordinación e implican menores incentivos selectivos en pro de un bien público (seguridad) aumentan, en lugar de reducir, la percepción de inseguridad. Este resultado debe leerse en forma conjunto con el probable efecto de corto plazo que sí tienen tales medidas de seguridad pero también junto a la inercia de adquisición de dispositivos de seguridad de conocida limitada efectividad. Resultados de este tipo no han sido hallados en la literatura relevante.
 
Las implicancias del efecto nulo o negativo de la oferta policial sobre la percepción de inseguridad obligan a revisar las políticas públicas (o parte de ellas) que busca aumentar el número de policías como medida de prevención y control social. A la luz de nuestros resultados, ni el número de comisarías ni el de vehículos policiales operativos afecta significativamente la percepción de inseguridad. La literatura relevante señala que el efecto se da solo antes eventos exógenos (Di Tella, Galiani, & Schargrodsky, 2010) o cuando dichos aumentos implican pasar de una oferta muy baja a otra significativamente más alta (Kleck & Barnes, 2010).
 
Un hallazgo importante estuvo en la relación entre las formas en que medimos desorden social y su asociación con la percepción de inseguridad. Si bien nuestra proxy de decaimiento físico del ambiente (presupuesto per cápita destinado al recojo de residuos sólidos por distrito) no fue significativa, la declaración de ciertas formas de violencia en el distrito de parte de las propias municipales sí se asoció positivamente a la percepción de inseguridad. En forma complementaria, mayor desarrollo humano introduce mayor variabilidad en la percepción de inseguridad.
 
Uno de los temas todavía en aparente debate es el por qué las mujeres tienen más miedo que los hombres, pese a ser menos victimizadas. En el Perú, la situación es la opuesta. Las mujeres son menos victimizadas y muestran menor percepción de inseguridad. En las estimaciones, ser mujer no es un factor de riesgo para percibir más inseguridad. Un punto adicional importante es que, en el contraste entre hombres y mujeres, este resultado se explica no porque ciertos predictores sean significativos para los primeros y no para las segundas. La explicación es de intensidad en los predictores.
Resumen bibliográfico
Las causas de la percepción de inseguridad se suele agrupar en factores individuales, ecológicos e institucionales. Desde lo individual, la percepción de inseguridad se ha explicado a partir de los factores que elevan las probabilidades de ser víctima (Arriagada & Godoy, 2000; Dammert & Lunecke, 2002; Gaviria & Pagés, 2002), de sentirse inseguro (Farrall, Gray, & Jackson, 2007; Rountree & Land, 1996) y de imaginarse como víctima (Chadee & Ditton, 2007). Desde esta perspectiva, tales probabilidades han sido asociadas a la edad, género y nivel socioeconómico (Blöbaum & Hunecke, 2005; Karakus, McGarrell, & Basibuyuk, 2010; Hipp, 2010). Lo ecológico – es decir, la influencia del ambiente (condiciones y recursos del barrio o distrito) sobre la percepción de inseguridad del individuo – reconoce que la percepción de inseguridad disminuye cuando existe capital social (Targaglia & Zaccone, 2012), pero aumenta cuando hay desorden social (decaimiento físico y social del barrio) (Atkins, Husain, & Storey, 1991; Farrall, Gray, & Jackson, 2007). Finalmente, en lo institucional, la percepción de inseguridad está asociada a la confianza y desempeño en las instituciones, especialmente de la policía (Markowitz, Bellair, Liksa, & Liu, 2001).
 
Una segunda perspectiva sobre la percepción de inseguridad recoge una larga discusión teórica y empírica sobre cómo definir y medir la percepción de inseguridad. El consenso es que, como señala Reguillo, la percepción de inseguridad es una construcción social “individualmente experimentada, socialmente construida y culturalmente compartida” (2003, pág. 189). Partiendo de este punto, nos interesa rescatar tres aspectos para el estudio de la percepción de inseguridad en el Perú. En primer lugar, si bien se ha reconocido que el miedo al crimen (emoción) es distinto de la percepción de inseguridad (cognición) (Rountree & Land, 1996), ambos operan en forma simultánea y jerárquica (la emoción domina la cognición) (Scarborough, Like-Haislip, Novak, Wayne, & Alarid, 2010). En segundo lugar, la percepción de inseguridad no necesariamente aumenta en forma proporcional a la cantidad de hechos delictivos temidos. Diferenciando entre percepción de inseguridad aditiva y sinérgica, Hernández (2017) halló para el caso peruano que la segunda captó mejor los efectos de las variables ecológicas. En tercer lugar, la percepción de inseguridad no se limita a lo delictivo. Refleja una ansiedad desplazada (Hale, 1996), un temor propio de nuevos modos de habitar y comunicar cuyas raíces se relacionan con la pérdida de arraigo colectivo especialmente vinculado con la vida en la ciudad (Martín, 2002; Bauman, 2005; Borja, 2003; Dammert & Malone, 2003). En otras palabras, la percepción de inseguridad puede ser medida directamente, pero también como un concepto difuso (latente) inferido a partir de variables observables que, como señala el PNUD (1998), estén ligadas a la indefensión social producto de la pérdida de vínculos sociales y comunitarios significativos. Esto abre la necesidad de contrastar las mediciones habituales de la percepción de inseguridad con nuevas metodologías.
 
  • Arriagada, I., & L. Godoy (2000). Prevenir o reprimir: falso dilema de la seguridad ciudadana. Revista de CEPAL 70, 107-131.
  • Atkins, S., Husain, S., & Storey, A. (1991). “The influence of street lighting on crime and fear of crime”. Crime prevention unit paper, 28.
  • Bauman, Z. (2005). La Sociedad Sitiada. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Blöbaum, A., & Hunecke, M. (2005). “Perceived danger in urban public space. The impact of physical features and personal factors”. Environment and behavior, 37,4, 465-486.
  • Borja, J. (2003). La ciudad conquistada. Madrid: Alianza Editorial.
  • Chadee, D., & J. Ditton (2007). “The Relationship Between Likelihood and Fear of Criminal Victimization fear of criminal victimization. Evaluating risk sensitivity as a mediating concept”. British Journal of Criminology, 47,1, 133-153.
  • Dammert, L., & Lunecke, A. (2002). Violencia y temor: Análisis teórico-empírico en doce comunas del país. Santiago: Serie Estudios, Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana, Universidad de Chile.
  • Dammert, L., & Malone, F. (2003). “Fear of crime or fear of life? Public insecurities in Chile”, Bulletin of Latin American Research, 22,1, 79-101.
  • Farrall, S., Gray, E., & J. Jackson (2007) “Theorising the fear of crime: The cultural and social significance of insecurities about crime”. Experience & Expression in the Fear of Crime Working Paper 5.
  • Gaviria, A., & C. Pagés (2002) “Patterns of crime victimization in Latin American cities” Journal of Development Economics, 67, 181-203.
  • Hale, C. (1996). “Fear of crime: A review of literature”, International Review of Criminology, 4, 79-150.
  • Hernández, W. (2018). Additive and synergistic perceived risk of crime: A multilevel longitudinal study in Peru. En M. Lee, & G. Mythen, Routledge International Handbook of Fear of Crime. Routledge.
  • Hipp, J. (2010). “Resident perceptions of crime and disorder: How mucho is "bias", and how much is social environment differences?”, Criminology, 48,2, 475-508.
  • Karakus, O., McGarrell, E., & O. Basibuyuk (2010), “Fear of crime among citizens of Turkey”, Journal of criminal justice, 38, 174-184.
  • Markowitz, F., Bellair, P., Liksa, A., & J. Liu (2001), “Extending social disorganization theory: modeling the relationships between cohesion, disorden and fear”, Criminology, 39, 2, 293-320.
  • Martín, J. (2002). “La ciudad que median los medios”. En M. Moraña (edit), Espacio urbano, comunicación y violencia en América Latina. Pittsburgh: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.
  • PNUD (1998). Informe de Desarrollo Humano 1998. Las paradojas de la modernidad. Santiago: PNUD.
  • Reguillo, R. (2003). ¿Guerreros o ciudadanos? Violencia(s). Una cartografía a las interacciones urbanas. En M. Moraña (edit), Espacio urbano, comunicación y violencia en América Latina (págs. 51-58). Pittsburgh: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.
  • Wilcox Rountree, P. & K.C. Land (1996), “Perceived Risk versus Fear of Crime: Empirical Evidence of Conceptually Distinct Reactions in Survey”, Social Forces, 74, 4, 1353-1376
  • Scarborough, B., Like-Haislip, T., Novak, K., Wayne, L., & L. Alarid (2010), “Assesing the relationship between individual characteristics, neighborhood context, and fear of crime”, Journal of Criminal Justice, 38, 819-826.
  • Targaglia, S., & S. Zaccone (2012), “Psychological reactions to crime in small local communities” Psicología Política, 44, 57-68.