CIES - 25 años construyendo conocimiento para mejores políticas

Telefono: (51-1)264-9855

Una interpretación antropológica de la corrupción

    Se encuentra usted aquí

    • Usted está aquí:
    • Inicio > Una interpretación antropológica de la corrupción
Resumen: 

Hacia fines de los años sesenta del siglo pasado, el economista Gunnar Myrdal (1968: 938) denunció la ausencia del tema corrupción en los estudios académicos. Aunque todos sabían de su existencia, la corrupción fue tratada como un tabú en la investigación y escasamente mencionada en discusiones sobre problemas de gobernabilidad y planificación que - sometidas a lo que Myrdal llama "la diplomacia en la investigación" - trataron de evitar "temas vergonzantes"

Desde mediados de los noventa, el panorama ha cambiado completamente, y el otrora "tabú" se ha catapultado desde los márgenes de la academia y de la política hacia una posición privilegiada. La corrupción es actualmente uno de los "problemas" más discutidos en la política internacional; pues, así reza el discurso de los expertos, no sólo obstaculiza el desarrollo económico, sino además fomenta un ambiente antidemocrático, la inseguridad, la negación de valores morales y la falta de respeto para instituciones constitucionales y autoridades públicas. En suma, la corrupción refleja un déficit en gobernabilidad.

Mientras años antes las instituciones financieras y los discursos sobre el desarrollo exhortaban a las naciones menos privilegiadas a trabajar duro y controlar sus poblaciones, en el contexto neoliberal el fracaso del desarrollo es explicado a través de la corrupción (Hasty 2005: 271). Por consiguiente, desde los años noventa la comunidad internacional ha lanzado una enorme cantidad de iniciativas y campañas, para erradicar prácticas corruptas y promover el buen gobierno en los países subdesarrollados del Sur y en los países de transición de la otrora Unión Soviética. Organismos transnacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional otorgaron a la lucha contra la corrupción un lugar privilegiado en sus agendas y diseñaron una serie de programas para buscar salidas de un mal aparentemente endémico. Instituciones no gubernamentales, entre las cuales destaca Transparency Internacional (TI), se han unido a la lucha. A nivel nacional, no hay país que no tenga alguna forma de una agenda anti-corrupción. Detrás de este consenso post-Guerra-Fría está la convicción que transparencia y accountability promueven la democracia y contribuyen a la estabilidad política en los países subdesarrollados.

Estos esfuerzos fueron acompañados por una producción académica cada vez más numerosa, principalmente desde las ciencias económica y política, cuyos resultados se dividen entre ensayos analíticos sobre causas y efectos, el análisis del marco institucional del fenómeno y un amplio debate sobre posibles soluciones, entre las cuales destacan diversos modelos para el adecuado comportamiento de funcionarios, políticos y ciudadanos.

Siguiendo la definición consagrada por el Banco Mundial en el World Development Report de 1997, los estudios políticos y económicos perciben a la corrupción por lo general como "abuso de poder público para el beneficio privado". Hay una clara prevalencia de un enfoque normativo y universal, que no permite variaciones y analiza la corrupción en la terminología del rational choice como "disfunción" de funcionarios públicos que responden a una determinada estructura de incentivos. Esta percepción se ha vuelto tan universal y tan incuestionable que una plétora de estudios que, en los años sesenta del siglo pasado, enfocaron los determinantes sociohistóricos y las funciones sociales de la corrupción, quedó sepultada en el olvido y la indiferencia (véase el siguiente capítulo). El hecho de que los estudios, en su mayoría, fueran llevados a cabo por intelectuales arraigados en los países industrializados, implica además que casi siempre reflejaran "el oprobio moral de foráneos" (Sajo 1998: 38).

La lucha contra la corrupción - y el Perú no es ninguna excepción - se adapta a la agenda establecida por las financieras transnacionales y se concentra en soluciones técnico-instrumentales derivadas de análisis económicos (Bukovansky 2002, 2006). La complejidad de la corrupción, las dificultades de encontrar siquiera una definición del término que aplique satisfactoriamente a entornos políticos y culturales divergentes, ha cedido a la divulgación universal y homogeneizante de las normas de la racionalidad occidental, en detrimento de un análisis crítico de los orígenes, las dinámicas y los impactos de la corrupción en contextos desiguales (Brown y Cloke 2004: 289). En suma, existe una cierta tendencia hacia la simplificación y un enfoque que busca soluciones y no tanto una comprensión del problema (Harrison 2004: 136).

Con muy contadas excepciones, la antropología se ha mantenido al margen de estas discusiones. Recién en los últimos años se han publicado algunas recopilaciones y un buen número de artículos en revistas académicas que analizan la corrupción desde una perspectiva explícitamente antropológica y la presentan como un fenómeno social multidimensional con variaciones locales específicas. Esta perspectiva implica una exploración del contexto social que produce y sostiene la corrupción y los discursos que se arman alrededor de ella.

Nuestro estudio sobre la corrupción cotidiana en Ayacucho es un intento de ubicación en esta corriente relativamente nueva. Entendemos la corrupción no como una actividad con expresiones idénticas y objetivas, independientemente del tiempo y del espacio donde ocurra, sino como una práctica social compleja y con variaciones locales y diacrónicas. Partimos de la constatación que la percepción de la corrupción como "abuso de poder público para el beneficio privado" supone una separación explícita de las dos esferas, la pública y la privada, tal como fue desarrollada por Max Weber en su modelo de la burocracia racional; la cual, sin embargo, no se da necesariamente en el contexto peruano y menos aún en zonas alejadas de la capital.

Nuestro interés, por cierto, se dirige más hacia la comprensión que hacia el encontrar soluciones. Sin embargo, los pobres resultados de la lucha contra la corrupción - a pesar de todos los planes nacionales y medidas legislativas, las decenas de manuales y cientos de artículos con proposiciones muy concretas y aparentemente bien elaboradas - estimula nuestra convicción que un estudio comprensivo no está de más