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Ahorro privado y política económica en el Perú

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La elección entre consumo y ahorro es la elección entre consumo presente y consumo futuro, y es una de las decisiones en materia económica que más impacto tiene sobre el nivel de vida de los habitantes que la realizan. Una exagerada preferencia por el consumo actual, patente en las expansiones populistas que países como el Perú han registrado en su historia reciente, tiene su contrapartida en una acumulación neta de pasivos externos (acumulación de deuda externa y/o disminución en las reservas internacionales netas), en una disminución en el ritmo de acumulación de capital (disminución en la inversión doméstica) o en una combinación de ambas. Esta preferencia por el consumo actual conlleva, a través de estos mecanismos, a una disminución en la capacidad futura de generar ingresos y lleva implícita la imposición de un límite sobre el nivel de vida de las futuras generaciones. Por otro lado, una exagerada preferencia por el consumo futuro (ahorro actual) puede implicar una reasignación de recursos hacia proyectos de inversión que rindan menos utilidad que aquella que se sacrifica en el presente. En este caso, la decisión también resultaría subóptima y, contrariamente al caso anterior, las generaciones actuales son las que estarían financiando un nivel de bienestar superior para las generaciones futuras.

En los últimos años, la economía peruana ha experimentado cambios sustanciales que habrían redundado en una cierta sensación de progreso entre los agentes económicos. La estabilidad económica y social ha creado el clima propicio para el desarrollo de la inversión privada, que en los últimos tres años se ha expandido a una tasa real que triplica la ya alta tasa de crecimiento del producto bruto interno (PBI). Al mismo tiempo, una mejora en las expectativas reflejada en la revalorización de los activos nacionales (especialmente de la moneda nacional), ha contribuido a que las percepciones de riqueza o de ingreso permanente de los agentes aumente. Esto, aunado a la evidente menor restricción de endeudamiento externo producto del acceso cada vez más fluido del Perú al mercado internacional de capitales, ha facilitado, dada la condición inicial de consumo altamente reprimido, un incremento en el consumo. A pesar de que el Gobierno ha mantenido, en promedio, una política fiscal austera, estos desarrollos del sector privado han redundado en un exceso de inversión sobre el ahorro interno, el cual ha podido ser transitoriamente cubierto con un creciente déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.

Sin embargo, tal como en el caso de la crisis de la deuda hace más de una década, la reciente experiencia mexicana ha servido para recordarnos la precariedad de los equilibrios macroeconómicos cuando éstos dependen del financiamiento externo. En este sentido, Krugman (1993) ha llamado la atención sobre la dificultad de endeudarse de manera sostenida en más de 5% del producto, mientras que Bosworth (1993) sostiene que pocas naciones son capaces de mantener influjos de capital de más de 2% a 4% del PBI. Esto es especialmente crítico si se tiene en cuenta que, como señala Corbo (1995), una alta dependencia en los influjos de capital en las primeras etapas de un programa de ajuste origina una prematura apreciación real de la moneda local, que se contrapone con el objetivo de un crecimiento sostenido guiado por las exportaciones.

La conclusión resulta evidente, la única manera de financiar el crecimiento y el desarrollo en el mediano plazo es mediante el esfuerzo propio de ahorro interno. Esto es especialmente cierto si se tiene en cuenta que la reanudación de la inversión y el crecimiento está lejos de ser automática, para una economía que viene de un ajuste y una depresión económica (Schmidt-Hebbel, et al., 1996). Queda claro entonces que las respuestas sobre el futuro del desarrollo en el Perú pasan necesariamente por conocer el futuro de los determinantes del ahorro interno y, dentro de éste, especialmente los del ahorro privado, el que contribuye con más del 85% del ahorro interno total.

Una simple observación de la evidencia internacional muestra que los países con más ingreso son, generalmente, los que más ahorran. En el gráfico 1 se aprecia la relación entre el PBI per cápita de 1994 y el nivel de ahorro promedio durante el periodo 1980-1993, para un grupo de países seleccionados de África, Asia, Latinoamérica y países industrializados del G-10. La relación es positiva y no lineal, sugiriendo que la transición hacia mayores niveles de ingreso se hace a través del incremento de los niveles de ahorro, a extremos inclusive temporalmente superiores a los que existirán cuando el mayor nivel de ingreso se haya obtenido. Para esta muestra, el nivel de ahorro promedio para los países africanos es de aproximadamente 10% del PBI, poco menos del 20% para los países latinoamericanos, de un 30% para los países de alto crecimiento del Sudeste asiático y cerca de 25% para los países industrializados. Según el Banco Mundial (1996), el ahorro generalmente promedia 25% del PBI en periodos de rápido crecimiento.

La importancia del ahorro para el desarrollo proviene de la estrecha relación entre ahorro e inversión. En un mundo hipotético sin barreras al flujo de capitales, si uno de los países decide ahorrar más, el aumento del stock de capital consistente con este mayor ahorro causaría que la productividad marginal del capital caiga momentáneamente, creando incentivos para que los inversionistas de ese país migren hacia otro en donde su capital sea más remunerado. Esta desinversión ocasionaría que se incremente la productividad marginal del capital en dicho país y se equilibre la situación inicial. Como resultado de este sencillo raciocinio, no deberíamos esperar una correlación significativa entre las tasas de ahorro e inversión en el país que generó el exceso de ahorro inicial. Sin embargo, en un trabajo que ya es clásico, Feldstein y Horioka (1980) encuentran que para una muestra de 21 países industrializados en el periodo 1960-1974, el ahorro y la inversión doméstica están altamente correlacionados, sugiriendo entonces la presencia de importantes barreras a la movilidad de capitales. Una explicación adicional a esta correlación proviene de la existencia hipotética de una función de reacción del gobierno, que acomoda los desequilibrios del sector privado con el objeto de lograr una meta de déficit en cuenta corriente.

Autores: 
Jorge Barreda
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